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sábado, 23 de octubre de 2010

Una sonrisa forzada.

A veces, las palabrás están de más. Y lo único que necesitas es que alguien venga y te abrace. O simplemente que este contigo. La simple sensación de no estar sola, reconforta. Que te entiendan sin decir la más mínima palabra y que escuche tu silencio. A menudo nadie lo hace. No ven más allá de las expresiones aparentemente felices pero realmente triste. Mira a los ojos. Todo empieza con un simple ¿Qué tal?. Llévame lejos y alto. No al cielo, me conformo con una azotea e ir mirando las pequeñas cabezas que caminan preocupadas por la calle. Llévame allí con una sandía y una manzana. Tiremos la sandia desde arriba, con fuerza para que nos llegue la sensación de desahogo. Luego mordamos la manzana. Y si te animas, bésame.





Gracias a esas personas que ya me siguen, para mí, significa mucho!!

8 comentarios:

  1. empieza con un qué tal
    ¿y como acaba?
    nadie lo sabe

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  2. estamos tan acostumbrados a vernos a nosotros mismos, que a veces no vemos a los demás... pero con un beso de sandía seguro que se da por aludido :)

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  3. se puede hacer tanto con taaaaaan poco! pero nos empeñamos en hacerlo difícil.

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  4. ame esto de "No al cielo, me conformo con una azotea e ir mirando las pequeñas cabezas que caminan preocupadas por la calle"..tan cierto!

    me encanta el blog

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  5. y ver la sandía desde arriba espachurrarse contra el suelo!

    mua:)

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